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Aunque entrenar a un perro es relativamente fácil, entrenar a un gato requiere técnicas totalmente diferentes y supone un verdadero desafío. El gato no se ajusta a una estructura jerárquica como la del perro, por eso las técnicas que se utilizan para estos son absolutamente inadecuadas para los gatos.

Todo esto tiene una explicación biológica: el gato caza solo, y no necesita cooperar con sus semejantes para esto. Por eso, cuando forma un grupo, establece relaciones más afectuosas que jerárquicas, y aunque pueda haber ciertas jerarquías, estas son menos significativas.

Para entrenar a un gato los enfados y castigos no son eficaces, lo mejor es «convencer» al gato de que no lo vuelva a hacer. Pero ¿cómo se convence a un gato de algo? Podemos utilizar dos tipos de persuasión: los métodos llamados «activos» y los «pasivos».

Entre los métodos de persuasión activos más habituales están la bola de papel o la pistola de agua. Se trata de que cuando el gato tenga una actitud poco apropiada le tires una bolita de papel que le moleste sin hacerle daño, o le dispares con una pistola de agua para que asocie esa actividad con un remojón. La clave está en que no te vean, es decir, que asocien la bolita de papel o el agua exclusivamente a su acción. Además, así evitarás que tu vínculo con el gato se debilite.

Los métodos pasivos dependen de la actividad que quieras erradicar y requieren de soluciones más creativas. Te proponemos algunos:

– Si lo que quieres es que deje de subirse a la encimera de la cocina (además de por motivos de higiene, por la seguridad del propio gato) lo ideal es ponerle «obstáculos», elementos que le resulten incómodos, por ejemplo vasitos de plástico con agua.

– Si le gusta revolver la tierra de las macetas, puedes probar en enterrar alguna cosa con un olor desagradable para ellos, como bolas de naftalina metidas en una bolsa.

– Si tu gato ha orinado en algún lugar de la casa, puedes hacer la prueba de poner papel de aluminio en la zona para que no lo repita, ya que a los gatos no les gusta caminar sobre él.

En definitiva, se trata de buscar una situación que le resulte incómoda para que sea el propio gato quien cambie de actitud.

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