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Aunque pueden parecer procesos similares pues ambos cursan con expulsión de alimento, vómito y regurgitación, la regurgitación y el vómito son desórdenes diferentes.

Saber diferenciar si se trata de uno u otro proceso es fundamental para poder localizar en qué parte del tracto digestivo se encuentra el problema y así solucionarlo lo más rápido posible.

Para eso, ¡sigue leyendo porque te explicamos la diferencia!

 

¿Qué es la regurgitación?

 

La regurgitación es la explusión de alimento sin digerir, de manera pasiva, sin esfuerzo, poco después de haberlo ingerido y que tiene prácticamente el mismo aspecto que cuando se comió.

Si tu perro o gato regurgita, el problema suele estar en las primeras partes de su tubo digestivo, principalmente esófago y faringe. Puede ser un problema congénito como Megaesófago o problemas puntuales como infecciones, cuerpos extraños, lesiones o incluso tumores.

En ocasiones, puede ser que tu peludo sea muy voraz y coma mucho o muy rápido, tragando aire con el alimento lo que puede ser una importante causa de regurgitación. En este caso, lo recomendable es que dividas sus comidas, ofreciéndole más tomas al día pero con menos cantidad para evitar estos atracones.

Si tu perro presenta regurgitación frecuente, es importante que consultes al veterinario para saber qué es lo que lo está provocando.

 

¿Qué es el vómito?

 

Durante el vómito, normalmente puedes observar que tu peludo hace un esfuerzo para expulsar el alimento, que finalmente sale parcial o totalmente digerido y mezclado con jugos gástricos. En este caso, suele haber síntomas previos como salivación, arcadas y signos de malestar.

Cuando un gato o un perro vomita, el alimento suele venir del estómago o del intestino delgado superior. Las causas son muy amplias, lo más frecuente es una reacción a algo que comió y que por su cantidad, estado o tipo de alimento no le sentó bien, una intoleracia alimentaria o que su estómgo es sensible. Otras veces las causas son más complejas pudiendo deberse a problemas gastrointestinales, obstrucciones, infecciones, virus, parásitos, tumores o incluso a problemas en hígado, riñón o páncreas.

En cualquier caso, siempre te recomendamos acudir al veterinario si los vómitos son frecuentes, repetitivos y/o si se acompañan de otros síntomas como diarrea, fiebre o malestar general.

Ahora que ya conoces la diferencia entre regurgitación y vómito, recuerda estar atento a estas situaciones ¡para poder actuar a tiempo y ayudar a tu peludo!

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