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En el post de esta semana, vamos a continuar tocando las distintas opciones disponibles en cuanto a alternativas alimentarias.

Hemos tratado la opción de las recetas sin grano desde distintos puntos de vista, entre ellos, y con especial relevancia, aquellos que tienen que ver con el factor “moda”, es decir, sin una justificación nutricional clara. 

Como escribíamos la semana pasada, la elección de estas recetas, nutricionalmente hablando, debería conjugar una serie de características diferenciales:

  • Eliminación de fuentes de hidratos y proteínas habituales (cereales y carnes más habituales)
  • Uso de proteínas novedosas (pavo en lugar de pollo, atún en lugar de salmón…)
  • Niveles elevados de ácidos grasos, por su potente efecto antiinflamatorio son de gran ayuda en procesos alérgicos, ya sean de naturaleza alimentaria o ambiental.
  • Ingredientes y alimentos funcionales que, juntos o por separado, aportarán beneficios al organismo.

Otro aspecto importante que hay que tener en cuenta es el aspecto analítico. Pensamos que cuanto más, mejor. Realmente esta máxima no siempre es válida, y este aspecto es un punto que poco a poco se va normalizando ya que con el boom de estas recetas se presentaron altas concentraciones de proteína (sobre todo), aunque los perros y especialmente los gatos son más eficientes en la digestión de proteínas que nosotros, esto no significa que tenga que ser así, especialmente en animales que sufren IRC. 

Lo importante de las proteínas, más que su cantidad, es su “calidad” es decir, hay que buscar proteínas que aporten el mayor número de aminoácidos esenciales, que son aquellos que el organismo no sintetiza, y que además sean fácilmente digestible, esto quiere decir que han de ser asequibles para poder obtener esos aminoácidos que aporta. Si atendemos a esto, las mejores proteínas disponibles para alimentar a nuestros perros y gatos, son las de origen animal, y como referente, la del huevo, en base a esta, a la que se le asigna un valor de 100, se establece un baremo en la que proteínas de pescados o como las del pollo, tienen valores sobre el 97, proteínas de vacuno y carnes rojas por encima del 90… Esto quiere decir que son completas en aminoácidos esenciales y que su obtención es sencilla

En contraposición, las fuentes vegetales de proteínas tienen valores más bajos, son muy fáciles de degradar pero su problema radica en la carencia de aminoácidos. Esto no quiere decir que no deban usarse, de hecho, la combinación de distintas fuentes acaban por complementar el aporte de aminoácidos.

En definitiva, como puedes observar, los mitos o tendencias en alimentación animal no son dogmas, ni deben tomarse como tales, todo tiene sus ventajas y beneficios sin perjuicio de que otras alternativas no tengan las mismas o incluso otras más beneficiosas.

 

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