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A la hora de elegir un gato, hay personas que tienen muy claro que quieren un siamés, un persa, un ragdoll, un sphynx… ya sea por modas o por criterios estéticos, sentimentales, o incluso alérgicos. Esto es así porque habitualmente la gente que elige gatos de raza no quiere un gato “de raza”, sino de una raza concreta.

Sin embargo, hay una cantidad de gente que lo que quiere es simplemente “un gato”, y no tiene claro qué tipo de gato sería el adecuado. Como casi todo, es una cuestión de gustos y de estilo de vida.

En primer lugar debemos tener claro, ¿qué es un gato de raza? Para empezar, una raza tiene que estar reconocida por un organismo registrado. Desde el punto de vista biológico, los criterios para determinar algunas razas modernas son un tanto superficiales: color de pelo, de ojos, morfología… Sin embargo, las razas históricas se formaron como resultado de una separación geográfica y su consecuente adaptación al medio por selección natural.

Aunque sólo un 7% de la población de gatos en Europa y América es de raza acaparan casi la mitad de las visitas al veterinario. Esto puede ser debido a que estos gatos tienen una base genética más estrecha, y a que realmente tienen más problemas de comportamiento, pero también a que los dueños de gatos de raza parecen pedir ayuda profesional con más facilidad. Además, la mayoría de los problemas parecen producirse por mantener a los gatos encerrados, y esto se da más con los gatos de raza que con los comunes.

Si lo que buscas es un gato en el que se pueda confiar, con buena salud y pocos problemas de comportamiento, la mejor opción puede ser un gato común. Un gato común es el gato doméstico, callejero o de granja que no tiene una raza reconocida concreta.

También depende de cuántos miembros de la familia seáis, si tienes otros animales domésticos… si buscas un gato que se adapte a todo, o vas a convertirle en el rey de la casa.

Además, ten en cuenta que cada gato posee un carácter propio, pero se observan personalidades comunes en diferentes razas, por ejemplo los persas son más tranquilos y dormilones, mientras que los siameses suelen ser más extrovertidos y juguetones. Por eso algunas personas prefieren elegir una raza concreta,  porque es más previsible el tipo de carácter que va a tener, mientras que con un gato común es más difícil prever cómo será.

En todo caso, si tienes dudas, te recomendamos que consultes con un especialista, que te ayudará a tomar la decisión adecuada.

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