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El otro día enumerábamos los beneficios que aportan las mascotas para nuestra salud mental y en el post de hoy, vamos a seguir por ese camino. En este caso, nos centraremos en el vínculo afectivo entre niños y mascotas y los aspectos positivos de su convivencia

 

Desde el punto de vista emocional y psicológico

 

Está demostrado que las mascotas aportan múltiples beneficios a los niños y viceversa. Las personas que durante su niñez han tenido contacto con animales de compañía aprenden valores como la compasión, el amor incondicional, el respeto, la responsabilidad, la fidelidad o la empatía, imprescindibles para su crecimiento personal.

Nuestros peludos también contribuyen en el desarrollo educativo y social de los más pequeños. Refuerzan la personalidad del niño, les aportan seguridad y les obligan a asumir responsabilidades, favorecen su integración social, incrementan su autoestima, reducen el estrés y la ansiedad, ayudan a combatir la soledad por la pérdida de un ser querido…

Además, estimulan la imaginación, el sentimiento de apego, el compañerismo, el cuidado, el amor por los animales…Los niños que crecen con animales en casa suelen ser más extrovertidos y sociables, más solidarios y atentos con los demás y más fuertes emocionalmente y comprensivos.

Algunos expertos apuntan que, después de los padres, el vínculo afectivo que se crea entre un niño o un adolescente y su mascota es vital en su desarrollo emocional.

 

Desde el punto de vista físico 

 

Y es que nuestros animales no solo favorecen al niño por dentro, sino que también lo hacen por fuera al ayudar a seguir una vida sana y saludable animándoles a practicar ejercicio de manera habitual, (paseando, jugando e interactuando) lo que supone una mejor calidad de vida

 

Precauciones cuando conviven niños y mascotas

 

Aunque los pequeños y las mascotas suelen convivir sin problema, deben existir unas precauciones básicas para evitar posibles problemas. 

Lo primero que debemos tener en cuenta es que los animales nunca son agresivos porque sí pero es posible que se produzcan situaciones en donde se sientan incómodos o con malestar. En ese caso, siempre darán avisos previos; los perros meten el rabo entre las patas y agachan las orejas y los gatos bufan o se hacen un ovillo. 

Es por eso que la primera regla es siempre estar alerta y no dejar al niño y al animal solos hasta que ambos sepan interactuar correctamente entre sí. La tarea de los adultos es la de educar tanto al niño como al animal para que sepan cómo actuar y respetar el espacio del otro. 

Es importante explicar al pequeño que el animal no es un juguete, que es diferente a nosotros y por lo tanto, no siempre estará dispuesto a jugar y necesita su espacio. Al mismo tiempo, hay que tener en cuenta que la mascota no es un ser humano por lo que debemos marcar unos límites y educarla sin intentar humanizarla. 

Por último, es importante controlar la salud del animal llevándolo al veterinario al menos una vez al año para asegurar su bienestar y el de toda la familia. 

 

Por todo lo mencionado anteriormente, queda demostrado que tener mascota es lo mejor que puedes hacer ¡por tu bien y por el suyo!

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