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Seguro que has visto en Youtube o a través de las redes sociales un vídeo o una compilación de vídeos en los que unos gatos saltan espantados por la aparición de un pepino, así que vamos a hablar ver qué hay de verdad y las posibles causas de este mito gatuno: el miedo a los pepinos.

En primer lugar diremos que no estamos de acuerdo en los «juegos» o «experimentos» en los que se hace al gato pasar por una situación de estrés innecesario. Asustar deliberadamente a un ser vivo solo por diversión nos parece una crueldad y una falta de respeto hacia nuestras mascotas.

Los pepinos no son especialmente nocivos para los gatos, no más que otras verduras. Por tanto, no se trata de un miedo ancestral provocado por la toxicidad de estos, como se ha podido leer en algún sitio, sino de un miedo que es aplicable a otros elementos similares, como podría ser un calabacín o un plátano.

Entonces, ¿qué es lo que provoca estas reacciones?

Seguramente sabes que a los gatos no les gustan los elementos desconocidos, especialmente si estos «aparecen de repente» y se colocan a su lado de forma sigilosa. Pero además, algunos biólogos y expertos en conducta animal apuntan a una teoría que han denominado «miedo al depredador», que sugiere que la forma alargada del pepino recuerda a uno de los posibles depredadores de los felinos: las serpientes.

En la mayoría de los vídeos, se coloca un pepino junto al animal mientras este está comiendo, con la guardia bajada, y la mirada fija en la comida, por eso también la sorpresa es mayor. Al percatarse de la presencia del elemento extraño (que como hemos dicho, puede recordar a una serpiente), lo primero que hace es ponerse en guardia y apartarse de él, porque lo percibe como una amenaza.

Si en lugar de colocarlo junto a él de forma sigilosa, nos acercáramos poco a poco al gato con el vegetal en la mano, seguramente el rechazo sería menor y la mayoría de los gatos se acostumbrarían a este elementos en pocos minutos sin problemas.

Por último, queremos incidir en la idea de que gastar este tipo de bromas no solo es una crueldad innecesaria, sino que puede tener consecuencias negativas en el comportamiento de nuestra mascota. Un susto o trauma pueden convertirlo en un animal más desconfiado hacia nosotros, e incluso puede llegar a atacar si considera que su supervivencia está en peligro.

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