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Parece una obviedad, pero a veces es necesario recordarlo: los perros no nacen sabiendo andar con una correa, es algo que tienen que aprender. Enseñarles no es sencillo, porque cuando salen a la calle están muy entusiasmados con todo, quieren explorar y la correa les limita los movimientos. Algunos se paran para olisquear cada esquina, y otros solo quieren correr hacia adelante sin parar.

Cada perro es diferente, por eso o hay un único método de enseñanza. El que te vamos a enseñar es más utilizado y se basa en premios, no en castigos.  

Antes de empezar, vamos a darte unos consejos generales:

–          Haz entrenamientos cortos pero frecuentes, la idea es que el perro no se aburra

–          Mientras entrene, no podrá hacer mucho ejercicio, así que no está mal si le sueltas en algún entorno controlado para que se mueva un poco y libere energía

–          Vas a necesitar un montón de premios, mejor si son saludables y en porciones pequeñas, que les permitan seguir entrenando enseguida

–          Los correas más adecuados son las cortas o medianas (no las que se alargan), y se desaconseja el uso de arneses (excepto los arneses “anti-tirones” creados específicamente para formación)

Antes de salir:

Todos sabemos la ilusión que les hace cuando nos ven coger la correa, pero es importante que aprendan a controlarse. Por eso, si está saltando como loco, quédate quieto, inmóvil hasta que se quede parado. Hasta entonces no le enganches la correa en el collar. Si no está tranquilo antes de empezar, difícilmente va a controlar sus movimientos una vez que estés en la calle. Puede que los primeros días te lleve un buen rato, pero poco a poco aprenderá a quedarse quieto mientras le pones la correa.

En la calle:

Una vez en la calle, le dejamos tomar la dirección que quiera, y llevamos un ritmo rápido (sin correr, pero sin darle tiempo a pararse en cada esquina). El método consiste en que nos detenemos cada vez que el perro tira de la correa. Nos paramos, esperamos y le pedimos que se siente. Cuando lo hago, le damos una golosina y seguimos.

Cuando vuelva a tirar, repetimos la operación. Al principio el perro no entiende nada y nos mira cómo preguntando “¿qué pasa? ¿por qué te paras?”, pero poco a poco va comprendiendo la relación entre tirar de la correa y detener el paseo, así que cada vez tarda más en tirar. El perro aprende que si tira de la correa se corta el paseo y la diversión.

¡No olvides darle un premio también cuando lo haga bien y camine sin tirar de la correa junto a ti! Puedes hacerlo mientras camina a tu lado para que se dé cuenta.

Por último, te recordamos que debes armarte de paciencia y no debes dejar que el entrenamiento centre tu relación con el perro. ¡Debéis reservar algo de tiempo para jugar!

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