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Si hay algo cierto con relación a los petardos, cohetes y fuegos artificiales es que, una vez que tienes perro, no los disfrutas igual. Cada fiesta patronal, cada mascletá por motivos diversos, cada Nochevieja, miles de perros se esconden asustados debajo de la cama o aúllan de puro miedo. Por eso, cada vez más voces piden unas fiestas para todos, en las que los animales puedan disfrutar sin miedo.

Cuando nuestro perro reacciona con miedo o ansiedad a un ruido es algo que debemos tratar no solo por la angustia que nos produce a nosotros ver que nuestro perro lo está pasando mal, sino porque puede ser un peligro para su seguridad, por ejemplo si se escapa o sale corriendo sin control.

Entonces, ¿cómo podemos ayudarle? ¿Se puede educar la tolerancia a los ruidos fuertes? La buena noticia es que sí, se puede educar. Lo malo es que no será de un día para otro, así que vas a necesitar un plan B para que logre superar esos momentos angustiosos hasta que la educación le ayude a superarlo.

Empecemos por el Plan B: ¿qué puedo hacer HOY para ayudar a mi perro si hay petardos o truenos?

  1. Buscar un lugar seguro. Puede ser el lugar que él mismo ha creado de forma natural (por ejemplo, bajo una mesa o en un rincón de una habitación interior) o uno que le hagas tú. Es importante que sea un lugar en el que se sienta protegido.
  2. Distraer su atención con algún juego. Esto es más eficaz cuanto antes comiences el juego, porque si ya está nervioso, lo más seguro es que no se preste al juego. Con esto no conseguirás que se olvide por completo de los sonidos que tanto el asustan, pero probablemente conseguirás retrasar el momento de aparición de la ansiedad. Si es una traca de petardos o similar, quizá consigas retrasarlo lo suficiente como para que ya haya terminado.

Bien, estos dos pequeños trucos pueden servirte para que tu perro lo pase un poco menos mal, pero como hemos dicho antes, no para solucionarlo. Para ello será necesario una modificación de su comportamiento.

¿Y cómo lo haremos? Mediante la desensibilización. Le acostumbraremos al ruido de forma gradual, sin que pierda la seguridad.

Puedes empezar por descargarte en el móvil el ruido de una traca de petardos, y comienza por hacerlo sonar a un volumen que no le ponga nervioso. La idea es ir subiendo el volumen día a día, a niveles que no le supongan un trauma, mientras utilizamos ese tiempo en actividades que le gusten: cepillado, juegos, etc. También podemos incluir algún premio cuando se vayan poniendo volúmenes más altos, cuando le cueste más.

Es un proceso que se llama contracondicionamiento que en los casos más agudos de fobia a los ruidos fuertes puede ser muy largo y lento, pero es importante no precipitarse, ya que puede hacer que tengamos que volver al principio. En caso necesario, debes saber que hay centros especializados en ayudar a tu perro a superar este tipo de fobias.

Y como siempre decimos, no hay dos perros iguales, así que ante la más mínima duda, ¡pide consejo al veterinario!

 

 

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