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En el imaginario colectivo, los perros no aúllan y los lobos no ladran, pero cualquiera que haya tenido perro sabe que esto no es cierto. Casi todos los perros aúllan (de forma algo diferente a como lo suelen hacer los lobos, eso sí) y los ladridos no son un sonido exclusivo de los perros, ni mucho menos. El ladrido es un sonido gutural corto que hacen algunos animales, aunque solo es el sonido predominante en el caso de los perros y sus crías. Sin embargo, otros cánidos como lobos salvajes, dingos, coyotes, chacales y zorros también pueden ladrar. Y hay otros animales como los otarios, focas, leones marinos y algunos marsupiales que hacen un sonido similar que se parece bastante a un ladrido.

Ahora bien, la cuestión es que si los perros son descendientes directos de los lobos, ¿por qué su habla natural es el ladrido, y no el aullido como en estos?

Esto se debe a la domesticación, a la forma en que han evolucionado los perros, y su relación con la manada humana a la que pertenecen. El ladrido se utiliza como sonido social (de alerta, pero también en juegos, por ejemplo) a corta distancia. De la misma forma, también los lobos ladran cuando compiten por la comida, por ejemplo, especialmente los lobeznos.

De hecho, los lobeznos, que basan su relaciones en las distancias cortas, ladran mucho más a menudo que sus congéneres adultos, y algunos expertos piensan que el hecho de que los perros no hayan abandonado esta forma de expresión se debe a cierta falta de madurez.

Cuando una manada de lobos está dispersa, su única forma de comunicación es el aullido. El aullido tiene varias funciones, pero las principales son las de llamada y localización. Y de hecho es un sistema de localización tan efectivo que lo utilizan también para delimitar territorios frente a otras jaurías. También el perro utiliza a menudo este sistema para comunicarse con otros perros de su comunidad, y no es raro observar algunos perros que parecen “contestar” a la llamada de sus primos cuando la escuchan en algún programa de la televisión.

Por otro lado, hace tantos años que el aullido no es una necesidad para el perro que la selección natural se ha encargado de no premiarlo. Todo lo contrario, un perro que aúlla a menudo tiene menos opciones de ser acogido por una familia que cuide de él, y menos opciones de reproducirse, por lo que es posible que también el hombre haya contribuido a la poca incidencia del aullido en los perros contemporáneos.

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