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Es probable que en algún momento te hayas hecho esta pregunta y, ¡es normal!

¿A quién no le han dicho que, por ejemplo, lo mejor para alimentar a un gatito cachorro es leche de vaca?

Pues no hagas caso a esa afirmación y ¡conoce la verdad sobre la leche de vaca y nuestros peludos!

Los humanos somos los únicos mamíferos que tomamos leche, más allá de la materna en la primera etapa de nuestra vida.

Al nacer, los mamíferos necesitamos la leche de nuestra madre o, en caso de no disponer, una preparada artificialmente para simularla. La leche es específica para cada especie. No puedes alimentar a un bebé humano con leche de vaca tal cuál por lo que con los perros y gatos pasa lo mismo. Cada uno tiene una leche con una composición diferente formulada mágicamente para cubrir las distintas necesidades de cada uno.

Los mamíferos (excepto los humanos), no vuelven a consumir leche una vez pasada la época de lactancia materna, por lo que su cuerpo deja de producir lactasa (enzima necesaria para digerirla), quedando esta reducida al mínimo, por lo que normalmente si vuelven a consumirla tiempo después, casi seguro les sentará mal por no poder digerirla correctamente.

¿Por qué nosotros podemos seguir haciéndolo? Porque no dejamos de consumirla nunca, forzando a nuestro organismo a adaptarse y seguir produciendo la cantidad enzimática necesaria. A los pocos meses de vida, después de la lactancia materna o artificial, vamos introduciendo poco a poco la leche de vaca en un momento en que nuestro cuerpo está adaptado para digerir leche y le enseñamos a tolerarla y como no dejamos de tomarla nuestra producción enzimática se adapta.

Perros y gatos, como los demás mamíferos, no necesitan leche más allá de la de su madre por lo que dejan de consumirla y su cuerpo deja de producir lactasa. Por tanto si se les ofrece tiempo después es más que probable que no les sienta bien. ¿Pueden adaptarse? Probablemente, pero no es lo natural, no la necesitan, ni aporta ningún tipo de beneficio, por tanto carece de sentido intentar forzar su adaptación.

¿Les gusta? Si, suele gustarles, la toman de buena gana por lo general y dependiendo de su disponibilidad y consumo desde cachorros hay algunos que la toleran bastante bien. Pero a la mayoría solo les aportará una mala digestión, con dolor estomacal, gases, diarrea e incluso vómitos.

Así que ya sabes, ¡mucho ojo!

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